Herramientas para la Gerencia del Negocio Ganadero

 

La humanidad en general habla cada vez más sobre su preocupación por los efectos del cambio climático en muchos y muy diversos ámbitos. La agricultura y la ganadería, por supuesto, no son la excepción.

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En este ámbito en particular nos quejamos con frecuencia por ejemplo de que ahora no llueve como en años pasados, que nuestras tierras cada vez están más pobres a causa de un manejo desacertado durante las 70 a 80 décadas más recientes como consecuencia de la revolución industrial y verde, y que en consecuencia son menos prolíficas para hacer ganadería y agricultura, actividades que por consiguiente ya no son tan productivas y rentables, y que todo es mucho peor cuando escasea el agua lluvia (sequías).

Y claro, en cierta manera y/o en buena medida estamos de acuerdo con eso, pero, al mismo tiempo, se nos ocurre una cuestión: ¿acaso nos hemos detenido a pensar qué hemos estamos haciendo mal?

La degradación de nuestros suelos en uso ganadero ha dejado desiertos por muchas partes del mundo, y antes de llegar a desertificar las tierras ganaderas, se han venido ocurriendo frente a nosotros una cadena de acontecimientos que nos están dando alerta y parece que nos hacemos los ciegos (las ignoramos a propósito), por ejemplo: nuestras tierras cada vez se muestran menos productivas, y por supuesto cada vez está más baja o hasta nula la rentabilidad que conseguimos de lo cosechado en ellas.

Lo peor, como insinuamos, es que lo hemos permitido, o incluso, hemos sido protagonistas de esta degradación, al prestarnos para ser cómplices de las industrias que promueven los métodos de producción agresivos con el suelo y los ecosistemas. No hemos sido para nada cuidadosos con los recursos de la naturaleza, al contrario, hemos usufructuado y derrochado hasta más no poder la generosa oferta ambiental, valiéndonos del “empoderamiento” de nuestras propiedades, y en un actitud tal, que casi le queremos decir al mundo (no en palabras, pero si con nuestros hechos): “Yo con mi tierra hago lo que se me antoje y nadie me va a venir a decir a mi que he estado en esto una vida entera (o lo heredé de quienes estuvieron en ello una vida entera) cómo es que lo tengo que hacer”.

Pero por estar actuando tan irracionalmente, no nos hemos percatado de que año tras año tenemos que padecer cuantiosas pérdidas a causa de la sequía. Sabemos que todos los años habrá una temporada seca, y aún así, siendo ganaderos toda la vida, cada año la sequía nos sigue quitando todo lo que se le antoja, sacando “provecho” de nuestra falta de planificación y de nuestra mente cerrada, y actitud preponderante y soberbia, o hasta necia de hacer las cosas como siempre y no abrirse a la posibilidad de intentar algo novedoso.

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¿Hasta cuando seguiremos así? ¿Por qué no aceptar nuestros errores de una buena vez, y asumir nuestra responsabilidad con el planeta y la humanidad? ¿Qué más tendremos que esperar que suceda, y cuánto más tendremos que perder para al fin hacer consciencia y salirnos de este nocivo círculo vicioso, y atrevernos a un cambio radical en nuestro manejo de la ganadería?

Se dice que la tercera guerra mundial será por causa de la escasez de agua. Tal vez sea solo especulación, pero no nos extrañaría si realmente así ocurre.

Y es que una escasez de agua no significa que se acabe toda el agua del planeta. Si nos ponemos estrictos con lo técnico, es improbable que nos acabemos toda el agua del mundo, ya que esta realmente no se agota, sino que circula cíclicamente. Lo que realmente significa es que el agua útil para los propósitos agrícolas y ganaderos, y aún más, para propósitos de su uso en humanos, se verá tremendamente limitado ya que una cantidad absurdamente incuantificable estará contaminada por nuestro mal uso que hemos hecho durante siglos de ella, o muy difícil de acceder a aguas de buena calidad y por lo tanto, a un alto costo o a una cantidad insuficiente para mantenernos productivos y rentables en la agricultura y/o la ganadería. Y, lamentablemente, la solución ha estado prácticamente en nuestras manos, pero por no querer aceptar que no hemos manejado este recurso (agua) racionalmente y que debemos preocuparnos desde ya en preparanos para los retos que el cambio climático nos está imponiendo en este sentido.

De acuerdo con esto, y tratando de sugerir una solución que consideramos como la más apropiada para cualquier productor agrícola o ganadero, queremos preguntar a ustedes como lectores de nuestras publicaciones: ¿Han oído hablar sobre la cosecha de agua?

Y es que la mayoría de nosotros, especialmente en el rol de productores de campo, estamos bastante acostumbrados a cosechar frutas, vegetales, pastos, kilos de carne, litros de leche, etc. pero ¿qué tan acostumbrados estamos a cosechar AGUA?

Eso es justamente lo que queremos proponerles ahora: ¡cosechar agua!

Y no hablamos de ir a un río o cualquier otra fuente a buscarla; hablamos del agua de lluvia que se precipita de la atmósfera sobre las tierras de nuestra propiedad o bajo nuestra administración

Nos hemos preguntado algunas vez: ¿cuánta agua cae por hectárea con una precipitación promedio de 500 milímetros anuales? (que no es precisamente alta)… La respuesta es 5 millones de litros por hectárea… ¿mucha agua verdad?

Pero curiosamente a las 24 horas después de una buena lluvia, como magia esta agua “desaparece” de nuestra propiedad, y entonces pregúntese ahora ¿que pasó con esa “tormenta”?… Parece que sólo vino de paseo y se fue ¿verdad?… Pero ¿A dónde se fue?

Pues bueno, les comentamos: el agua cuando se precipita del cielo al suelo, cuando no es cosechada, solo le quedan tres opciones, una es infiltrarse, otra es abandonar nuestro predio por escorrentía, y la otra es evaporarse. Todo dependerá de cómo estemos manejando los ecosistemas de nuestras tierras en uso ganadero.

Y bueno, lamentamos mucho tener que informar que la que más nos interesa y justo es lo que menos ocurre, es que haya infiltración. Esto sería, que no se pierda, sino que se quede almacenada en los suelos de nuestra propiedad para mantener los suelos productivos, incluso, durante las temporadas secas.

Pero, ¿por qué no se infiltran esos miles de litros de agua en nuestras tierras? Pues lamentablemente se debe a nuestras malas prácticas ganaderas o agrícolas, y a aquella nociva actitud, necia, rebelde o soberbia de creer saber todo y no aceptar consejos de nadie (no es de todos los productores pero si de un buen número, que nos atrevemos a asegurar, lamentablemente se trata de una mayoría).

Ahora se han de preguntar ustedes: ¿de cuáles malas prácticas hablan estos “locos”? si todo lo hacemos como lo copiamos de como lo hacen los expertos. Tal vez no pagamos una asesoría o consultoría, pero asistimos a conferencias, leemos el periódico, las revistas, navegamos en internet, asistimos a días de campo demostrativos que organizan los científicos expertos y empresas que nos venden las maquinarias, herramientas, equipos e insumos, nos mantenemos informados, y hacemos tal cual lo dicen…

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El problema, creemos, está en no “filtrar” la información y no comparar con otras fuentes de información, para verificar la conveniencia real de esos procedimientos, no en el corto plazo, sino a largo plazo. Nos dejamos deslumbrar de todo aquellos que produce resultados inmediatos o a corto plazo, y como no nos gusta vivir procesos, no nos gusta esperar y hacer las cosas con paciencia, sino que queremos ganancias sin mayores esfuerzos y esperas, entonces nos sentimos atraídos hacia esas “soluciones” mágicas que generan resultados a corto plazo, y que nos lo demostraron ante nuestros ojos.

Ejemplo de ello: La tala de árboles y el uso de arados de suelos para corregir la compactación de los mismos según aquellos expertos causada por el pastoreo, , las quemas de los potreros para poder hacer siembras rápidas y baratas de pastos “mejorados2 que se van poniendo de moda, establecer pasturas nuevas abundantes y muy verdes, como nos gustan, y para lograrlo incurrir en el uso indiscriminado de agroquímicos (fertilizantes) y agrotóxicos (venenos), y los sistemas ganaderos intensivos deslumbrantes en producción, como los feedlot o el pastoreo radial o en franjas…Entre muchas otras, similares a estas o hasta mucho más agresivas con los ecosistemas y los suelos pastoreables.

La mayoría de estas prácticas (por no decir que todas) dan como consecuencia la baja o nula materia orgánica de los suelos. Todas estas prácticas son causa de que nuestros suelos, aunque sea en tiempo de lluvias, los alcanzamos a notar sedientos, y en muchos casos con baja producción de forrajes y pobres cosechas, y como ya nos convencieron de que para mantenerlos productivos hay que estarlos talando, arando, quemando, resembrando con nuevos pastos “mejorados”, fertilizando con químicos y combatiendo malezas y plagas con venenos, etc. pensamos que si no asumimos esos costosos planes de manejo “tecnificado” o si no invertimos en costosos sistemas de riego, entonces no podemos lograr óptimos resultados para poder seguir adelante con nuestras actividades agroganaderas.

Pero, he aquí, que gracias a una persona que se reveló contra este sistema, que se atrevió a salir del círculo vicioso y buscar hasta hallar una manera diferente, y más conveniente para el productor que para los vendedores de maquinaria, equipos e insumos, y lograr hacer que nuestras tierras sean más productivas y se mantengan así a largo plazo sin depender de ayudas externas sino de hacer un manejo más racional de los recursos internos, los que Dios a través de su creación, la naturaleza y el ambiente, nos ofrecen generosamente, como es por ejemplo la precipitación anual (lluvias) que bañan e inundan nuestras tierras gratuitamente, que ahora disponemos de una opción tecnológica que nos ayuda a elevar al máximo los niveles de infiltración y retención de agua en las tierras que administramos.

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De lo que hablamos es del método cada día más reconocido bajo la denominación Keyline (voz inglesa), que traducido al español llamamos como Línea Clave, y se trata de un sistema de captura, conducción, infiltración y almacenamiento del recurso lluvia para generar reservorios naturales de agua para nuestros cultivos y cosechas, agrícolas o ganaderas, desarrollado en los años cincuenta del siglo pasado por el ahora reconocido agrónomo y agricultor australiano Percival Alfred (P. A.) Yeomans; quien se enfocó admirablemente en lograr un manejo más holístico del suelo, y con el propósito de reconstruir suelos degradados de forma natural, o de mantener los suelos fértiles y con alta productividad, captando y almacenando la mayor cantidad de agua en los mismos, y así hacer un uso más racional del recurso hídrico de la naturaleza, abaratando los costos de producción y mejorando los ingresos para el productor.

Sin embargo, el sistema es todavía bastante desconocido en el mundo agro-silvo-ganadero (como suele ocurrir con casi todas las tecnologías que no enriquecen industrias sino que favorecen directamente a los productores).

Para entender y desarrollar el Diseño Hidrológico del Terreno (DHT) con el Keyline o Linea Clave, es necesario aprender a leer el paisaje y descubrir las líneas naturales del agua y las curvas de nivel propias de cada terreno. En todo paisaje natural hay que identificar el parteaguas, las crestas o lomos y los valles, en las geoformas naturales del terreno.

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Todos entendemos que el agua fluye de las partes altas, hacia las partes bajas (desde la cima de la colina hasta el llano o los “drenajes” o canales naturales por donde el agua circula hasta llegar a sus grandes reservorios, como son los ríos, mares y océanos por ejemplo); por lo tanto, los valles se mantienen más húmedos que las crestas del terreno.

Pues bien, con el diseño hidrológico del terreno (DHT), con el método de Keyline o Línea Clave, este patrón natural de flujo del agua cambia, y ahora hacemos que el agua de lluvia se mueva más horizontalmente por las partes altas del terreno, y desde ellas vaya descendiendo y formando reservorios equidistantes a lo ancho de la pendiente, permaneciendo entonces más húmedo todo el terreno que como estarían bajo en las condiciones naturales de escorrentía. E incluso, si no se tratase de un terreno montañoso, siempre se buscará la manera de hacer que se formen estos reservorios de infiltración, aprovechando el relieve natural de cada terreno, ya que tratándose de campos para uso agrícola o ganadero, hasta el más “plano” tiene un cierto desnivel que siempre podremos aprovechar a favor de nuestros intereses de retener el agua en todo el campo, antes que dejarla perder o evacuar.

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Es así como el empleo del método de Línea Clave en una parcela agrícola o en establecimiento de praderas, implica concretamente en hacer el surcado paralelo y equidistante para que se vaya formando dicha Línea Clave, tanto hacia arriba como hacia abajo de la extensión del terreno. De esta forma, se garantiza que el recorrido del agua de lluvia sea más equilibrado en todo el terreno, independientemente desde dónde y hacia dónde tengamos que hacerla fluir, pero siempre buscando que se vaya infiltrando y reservando equitativamente en todo la extensión, con los beneficios que ello implica.

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P.A. Yeomans inventó para este trabajo lo que se denomina ahora como el apero Yeomans, que es una herramienta o equipamiento adaptable a una máquina agrícola (tractor), que surca el subsuelo sin voltear la superficie, de tal modo que las zanjas o surcos que se van formando se constituyen en las vías de conducción natural del agua, desde y hacia donde necesitemos movilizarla y/o distribuirla. El apero Yeomans es toda una revolución tecnológica, que antes que agredir o destruir un suelo, lo convertirá en un maravilloso y muy favorable reservorio natural de humedad para mantenerlo fértil y productivo.

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En definitiva, estamos ante una maravillosa solución, sumamente racional, para no seguir desperdiciando el agua lluvia, un “regalo” invaluable, que con un manejo inteligente y estratégico como el diseñado por PA Yeomans, para la COSECHA DE AGUA para los productores que apuestan por la Ganadería Racional.

Si quieres conocer más sobre ésta y otras tecnologías para el manejo holístico y/o racional de los recursos naturales para la productividad ganadera, debes estar atento a nuestras próximas publicaciones, y/o ponerte en contacto con profesionales del Equipo de Cultura Empresarial Ganadera Internacional.

 

  • Autor: MVZ Ruperto Córdoba
  • Co-autor: Zoot. Esp. Michael Rúa Franco
  • Red de Profesionales CEG Internacional
  • CEG México – Estado de Campeche

 

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About the Author Ruperto Córdoba

Médico veterinario zootecnista

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