Herramientas para la Gerencia del Negocio Ganadero

 

La nota de este Jueves de Veterinaria en CEG Internacional se combina también con un poco de Zootecnia. El tema de hoy es un anticipo de próximas publicaciones para las cuales necesitamos un muy buen entendimiento de la fisiología del rumiante y en especial en su etapa de lactante. El propósito es que podamos trabajar en herramientas para el manejo racional de la crianza, de manera que esto tenga un positivo impacto en las etapas posteriores de la vida de los animales rumiantes (vacunos, búfalos, ovinos y caprinos), que son las principales especies con las que trabajamos en la Ganadería Racional a pastoreo, aunque algo de estos principios también son aplicables en no rumiantes, por ejemplo equinos, o hasta porcinos y aves, con los cuales también podemos hacer ganadería pastoreo.

Vamos a entrar en materia, y lo que quiero ilustrar en esta publicación son algunos fundamentos técnicos a cerca de la anatomía y fisiología de los rumiantes. Aquí no hay distinción de raza, y lo que hablaremos aplica para todos los rumiantes en general. Y lo que pretendemos es que en cada ganadería se logren mejores resultados productivos a todo nivel, sobre todo en aquellas en las que el flujo de caja es muy limitado, y/o los márgenes de ganancia por unidad de producto son muy estrechos, como suele ser en las ganaderías de cría y engorde en general, y en buena medida también en las de doble propósito (lo que no significa que esta información no pueda ser muy bien aprovechada por los que se dedican a la ganadería especializada en ordeño).

La meta que queremos que se logre en cada una de estas ganaderías es la de conseguir animales más pesados al destete, y al mismo tiempo, tratar de anular el estrés del destete para que no pierdan peso y más bien se mantenga la línea ascendente de su crecimiento y desarrollo para que al final logremos bien sea, animales de muy excelente peso y edad para que otro ganaderos los termine de engordar, o que sigamos engordándolos y llevarlos a faena a temprana edad, consiguiendo la mejor calidad de carne posible. Y si el negocio no es carne o cría, sino leche o doble propósito, las hembras que producimos serán igualmente destetadas con mejor peso y el objetivo será poder lograr primer parto con más de 400 kilos de peso corporal y/o antes de 36 meses de edad (mejor si es alrededor de los 30 meses pero siempre asegurando el peso correcto).

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El cumplimiento de estas metas lleva implícito otros logros de suma importancia, y que al final son la justificación para atreverse a realizar los cambios que vamos a proponer, y es que un buen destete (animales más pesados) significa a la vez un acortamiento en los tiempos de crecimiento y desarrollo con lo cual se ahorra dinero, y a la vez es lograr una mayor producción lo que mejora los ingresos.

Si además, reducimos el estrés del destete o lo anulamos por completo, y el animal no pierde peso sino que tras el destete sigue ganando peso, hemos anulado pérdidas económicas también. Y si nos hemos de encargar de terminarlos (llevarlos a peso de faena o retendremos las hembras para reemplazo de vacas de descarte), entonces el hecho de haberlos destetado de mayor peso y mantener la tasa de ganancias de peso en ascenso continuo hasta llegar al peso final (si son de carne) o al peso idóneo para iniciar la vida reproductiva (si son hembras para cría u ordeño), habremos logrado acortar significativamente el tiempo de engorde, o de preparación de las hembras si es el caso, y con esto no solo ahorramos muy significativamente en gastos, sino que lo más seguro es que alcanzaremos un mayor rendimiento en canal (relación carne/hueso) en los animales de engorde y/o un menor costo en la preparación de las hembras, lo que significa un mejor precio por kilo tanto en los animales de engorde como en las hembras que no retengamos y llevemos al comercio, logrando mejorar también los ingresos. Y en todo negocio, ahorrar al tiempo que mejoran los ingresos, es lo que nos llevará a un estatus de eficiencia y rentabilidad superior y sumamente satisfactorio.

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Sobre el método de crianza racional para las ganaderías hablaré después, en otra publicación, por lo que te invito a suscribirte a nuestra web para que puedas recibir los complementos informativos en próximas notas sobre este tema.

De lo que quiero hablar ahora es concretamente del rumen, y enfáticamente de cómo lograr que nuestros animales de pastoreo lleguen a ser eficientes rumiantes para que podamos basar su alimentación en pastos y forrajes y que obtengan de ellos el máximo aprovechamiento nutritivo para que a su vez nos entreguen su mejor producción de leche, ganancia de peso, o celos regulares, preñeces efectivas y partos frecuentes. En otras palabras, de cómo alimentar nuestro ganado con la fuente de alimento más abundante y de menor costo a la que podemos acceder (los pastos y forrajes) y a la vez cómo lograr con ello los mejores resultados de productividad y de rentabilidad, siempre de una manera sostenible y sustentable.

¿Qué significa la palabra rumiante?

Procede de la palabra en latín ruminare, y esta significa concretamente: Volver a masticar (remasticar). Así pues, que los rumiantes son animales mamíferos (que lactan) y que rumian (remastican) sus alimentos sólidos. En la clasificación taxonómica de los animales se usa esta palabra de la siguiente manera:

  • Reino: —–   Animal
  • Tipo: ——   Cordatas (tienen una columna vertebral)
  • Clase: —–    Mamíferos (producen leche para sus crías)
  • Subclase: —    Ungulados (poseen dedos en forma de pezuñas)
  • Orden: —–  Artiodactyla (dedos pares)
  • Suborden:  Ruminantia (rumiantes verdaderos)
  •                   —   Tylopoda (dedos pares con almohadillas carnosas en vez de pezuñas)
  • Familia: —-  Cervidae, Giraffidae, Bovidae, Tragulidae y Camelidae

¿Cuáles son las especies animales clasificadas como rumiantes?

Los cérvidos de los cuales sobreviven 14 géneros y 37 especies, de los cuales entre los más reconocidos están los ciervos, venados y alces; Los Jiráfidos (jirafas), que apenas sobreviven 2 géneros y 2 especies; Los tragúlidos, con 2 géneros y 4 especies, que son impopulares pero son pequeños animales primitivos, y entre ellos están los cervatillos y el ciervo ratón; Los Camélidos, con 3 géneros y 6 especies, entre ellos las alpacas y llamas, los camellos y los dromedarios. Y sin lugar a dudas, los rumiantes más populares y que superan ampliamente en cantidad a los rumiantes silvestres, son los bóvidos, con 45 géneros y 126 especies, entre los que están los antílopes y los bisontes poco domesticados, entre otros, y los caprinos, ovinos, bufalinos y los vacunos como los de mayor uso doméstico y destinados a la producción de alimentos de origen animal para consumo humano así como para el comercio de semovientes entre criadores y/o productores.

En esta nota entonces, nos enfocaremos en las especies domésticas productoras más comunes, que son los del género Ovis (ovejas), Capra (cabras), Bubalus (búfalos) y Bos (vacunos), que son los rumiantes con los cuales trabajamos a diario en las ganaderías, y de las cuales necesitamos obtener su mejor productividad a través de un uso racional y eficiente de los recursos que provee la naturaleza en los ecosistemas productivos aptos para la crianza y explotación zootécnica de estos.

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Importancia de los rumiantes para el mundo actual

La importancia de este tipo de animales para su poseedor pasa, en un sentido estricto y objetivo, prioritariamente por la posibilidad de obtener ganancias para su sustento, o el de sus familias, comercializando lo que estos animales producen, o los semovientes como tal. Pero, en un sentido amplio, la importancia de los rumiantes no solo para el mundo actual sino a futuro, es mucho más trascendental.

Podemos decir, con absoluta seguridad, que lo más importante de los rumiantes está en su capacidad exclusiva de aprovechar como alimento una insondable diversidad de vegetación que producen los extensos campos naturales del planeta, la gran mayoría de los cuales el ser humano, por mucho que quisiera, no puede consumir de forma directa para su alimentación, y necesitamos de los herbívoros para que los conviertan en alimentos que si podemos asimilar digestivamente, además, porque mucha de esta vegetación se produce en áreas de terreno que de una u otra forma no permiten una explotación agrícola económicamente sostenible y sustentable, y tal vez podamos dimensionar mucho más la necesidad que los humanos tenemos del aprovechamiento productivo de los rumiantes si ponemos en evidencia que esta clase de tierra no explotables con agricultura corresponde a un 40% de la superficie total del planeta tierra. Los veganos y vegetarianos difícilmente podrán producir de forma sostenible y sustentable su comida (y eso sin mencionar su vestido, abrigo y otros múltiples artículos o accesorios derivados indirectos de la producción animal) en este 40% del planeta, solo aptas para la explotación ganadera. Me refiero por ejemplo a praderas nativas, sabanas, matorrales, algunos desiertos regenerables, tundras, comunidades alpinas, tierras húmedas para pastos de humedal, etc.

Carne y leche, sangre, abrigos, vestidos, armas, utensilios varios, son productos que se obtienen de los rumiantes en estos múltiples ecosistemas desde la creación del mundo, y que han servido para la supervivencia de la mayoría de tribus humanas a lo largo de los tiempos, incluyendo los actuales, y seguirán siendo de uso fundamental en el futuro. Esto sin mencionar el uso de rumiantes como apoyo para el trabajo agrícola, o el transporte o trabajos de fuerza.

A parte de esto, se calcula que en todo el planeta tierra existen alrededor de 1.000 millones de cabezas de vacunos y 650 millones de cabezas de ovinos, y esto sin contar los millones de búfalos domésticos, cifras que dan cuenta del potencial que tiene estas especies para más allá de ocupar espacio en el planeta puedan seguir brindando la utilidad bondadosa y generosa que hasta ahora han tenido con el humano, y viceversa. Y hasta aquí no hemos mencionado la importancia que tienen desde un punto de vista ecológico, ya que el reciclaje de sus heces y orina para mantener una micro y mesobiocenosis activas en los suelos para que se mantengan fértiles y cultivables, y especialmente para regenerar tierras degradadas a través del maravilloso círculo virtuoso que desencadenan estos animales para mantener equilibrados los ecosistemas en los que habitan (todo dependerá de cómo sean manejados por los humanos).

El estómago del rumiante

Aquí trataré de hablar ilustrativamente, porque hay varias cosas que aclarar para el público en general. Del entendimiento de estas observaciones que plantearé depende en gran medida que los ganaderos podamos brindarle al ganado de producción el manejo correcto en lo que a alimentación y nutrición se refiere, porque no lograremos los objetivos productivos y económicos de los negocios ganaderos, cualquiera que fueren, si no sabemos darle una crianza óptima a nuestros animales de pastoreo, y/o brindarles una correcta alimentación y nutrición.

Lo primero que quiero aclarar es que como ya nos dimos cuenta, no solo los vacunos rumian, sino que también lo hacen los búfalos, las ovejas, las cabras, las llamas, las alpacas, los venados, y todos aquellos animales que hacen parte de las diversas familias de rumiantes existentes y que son aprovechados zootécnicamente para el sustento humano. Así que hay que entender muy bien que cuando hablamos de rumiantes no solo nos referimos a las vacas, sino a todos estos otros.

Lo segundo es, que aunque estas familias de rumiantes comparten la característica de rumiar sus alimentos, no todos lo hacen exactamente de la misma forma, porque no todos tienen exactamente el mismo tipo de estómago, y por tanto no todas comen exactamente lo mismo, y/o no aprovechan con igual eficiencia los mismos tipos de vegetación, ni conviven en los mismos tipos de ecosistemas. Así que hay que darle a cada género y especie de rumiante el manejo que originalmente necesitan, es decir, imitando el patrón de la naturaleza según sus respectivos orígenes. De no hacerlo así, sencillamente no vamos a poder cosechar eficiencia productiva, ni la prosperidad económica que esperamos obtener de su aprovechamiento zootécnico.

Lo tercero, y aún en relación con lo segundo, es que aunque los ganaderos probablemente asuman que todos los rumiantes tienen 4 estómagos, esto no es técnicamente correcto. Y la verdad es que la academia y en consecuencia los profesionales que hemos asistido a ella, hemos tenido culpa en promover esta información un tanto errónea.

Revisándolo al detalle, no es técnicamente correcto usar el término “poligástrico” (y reconozco que a veces lo uso, pero no es correcto). Poli es un prefijo griego que significa “varios”, y gástrico se refiere al estómago, luego, poligástrico se refiere a “varios estómagos”. Pero, en realidad esto no es correcto, no corresponde con la clasificación taxonómica de los animales, sino a un modismo académico profesional para diferenciar genéricamente a los animales rumiantes de los animales no rumiantes. Lo verdaderamente correcto es, que el rumiante solo posee un estómago, ya que originalmente el rumiante no posee varios tubos digestivos boca-ano, sino solo uno, pero en los rumiantes este estómago se subdivide en varias recámaras o compartimentos.

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Tampoco es técnicamente correcto suponer que todos los rumiantes tienen su estómago dividido en 4 compartimentos o recámaras, porque algunos solo lo tienen dividido en 3. A los que tienen su estómago dividido en 4 partes se les denomina como rumiantes verdaderos (tampoco estoy de acuerdo con esta denominación, porque todos los animales que rumian son verdaderos rumiantes, no solamente los que tienen su estómago subdividido en 4 partes, pero es la forma universal de llamarlos en anatomía animal; yo preferiría usar el prefijo griego tetra que significa cuatro, o sea, tetragástricos, y así no habría lugar a confusiones, pero no conozco quien use esta palabra en el lenguaje veterinario cotidiano, así que solo lo hablo en modo aclaratorio). Entre tanto, a los rumiantes cuyo estómago se divide en 3 partes se les denomina pseudorrumiantes (obviamente tampoco es el término más correcto porque el prefijo griego pseudo significa falso, y no hay animales rumiantes que tengan un falso estómago o una falsa rumia, ya advertí que todos los animales que rumian son verdaderos rumiantes, así que igualmente preferiría usar el término trigástricos, porque el prefijo griego tri significa tres, y así tampoco se prestaría para confusiones, pero de nuevo uso la palabra solo en modo aclaratorio). Sin embargo, siendo más estricto, hablar de tetragástrico o trigástrico tampoco es correcto porque seguimos en el mismo error de dar a entender que son cuatro o tres estómagos entendiendo que no es así; mucho más correcto sería entonces hablar de estómago tetrafásico (estómago dividido en 4 fases) y estómago trifásico (estómago dividido en tres fases), y esto es, que se acepte la palabra fase como sinónimo de parte, porción, fracción, recámara, división, etc. Ojalá la ciencia y la academia lo reconsideren y corrijan.

Los animales rumiantes que tienen su estómago dividido en tres partes (incorrectamente llamados pseudorumiantes) son los que pertenecen a las familias: Tragulidae y Camelidae. Así que en realidad estos son pocos géneros y especies. Entre tanto, los que tienen su estómago dividido en cuatro partes (incorrectamente llamados rumiantes verdaderos) pertenecen a las familias: Cervidae, Giraffidae y Bovidae. Así que todos los que representan interés para la producción ganadera mundial tienen 1 estómago “tetrafásico” (o sea dividido en 4 porciones). Los de nuestro interés particular, que son los más comerciales: vacunos, búfalos, ovinos y caprinos, están entre éstos (los bovidae).

Una observación más y que no es menos importante, está en que si bien el mayor interés para la ciencia de la nutrición animal, y en este caso de los rumiantes, está asignado a la cavidad ruminal, y esto se ha proyectado también hacia los productores, debemos rescatar la importancia que tienen todas las partes que conforman el tubo digestivo de los rumiantes, porque en comparación con los no rumiantes (y eso nos incluye como especie humana), cada porción de este conducto desde la boca hasta el ano, muestra variaciones anatómicas particulares y cierto grado de especialización en su funcionamiento, incluso también variando entre familias, géneros y especies, y esto seguramente como consecuencia de cómo han tenido que acondicionarse a cada uno de estos a los ecosistemas en los que establecieron su hábitat, y tal vez con más razón, al tipo de alimentos por el que cada especie se acostumbró o por la cual demostró predilección.

De lo anterior se puede explicar por qué razón los cérvidos, por ejemplo, no son tan buenos pastoreadores sino que más bien prefieren o seleccionan vegetales, o partes de los mismos, que tienen riqueza o alta concentración en su contenido celular de nutrientes fácilmente digestible y muy provechosos, como almidones, proteína, grasa y aceite, pero no tienen un estómago capacitado para aprovechar eficientemente las partes fibrosas de los vegetales, como la celulosa y la hemicelulosa que están conformando las paredes de las células vegetales en este tipo de alimentos.

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En cambio, sus parientes más jóvenes, como son los vacunos, búfalos y ovinos, han desarrollado una capacidad excepcional para aprovechar mejor las gramíneas y demás vegetales altamente fibrosos, y al tiempo aprovechar también las fracciones más digestibles de los forrajes menos fibrosos. Entre tanto, especies como las cabras tienen un tipo de hábito intermedio, es decir, que se puede alimentar tanto de alimentos fibrosos como de los no fibrosos, incluso si se tratase de casos extremos de uno u otro tipo de alimentos, aunque demuestran preferencia por alimentos no fibrosos y hasta los aprovechan mucho mejor que los alimentos fibrosos, y de hecho, no los aprovechan también como las ovejas que son su pariente más cercano y menos exigente, o como los vacunos y búfalos. Estos últimos, por su parte, tienen una tremenda capacidad de aprovechar mucho mejor que todos los demás parientes rumiantes, los alimentos extremadamente fibrosos y los forrajes producidos en suelos que permanecen húmedos por largo tiempo y que naturalmente tiene menor valor nutritivo.

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Las 4 cavidades del estómago rumiante

Popular y tradicionalmente se les ha reconocido como panza, bonete, libro o librillo, y cuajo o cuajar. Sin embargo, los nombres técnicos en el mismo orden son: rumen, retículo, omaso y abomaso. El orden en que los escribo es el mismo orden en que están dispuesto en el organismo animal, y así mismo es la ruta que siguen los alimentos que entran al estómago (por el rumen) desde el esófago y salen al intestino delgado (desde el abomaso).

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Las primeras 3 cavidades (rumen, retículo y omaso) son las que más llegan a desarrollarse internamente (paredes), y por lo mismo, son las que más se distancian de parecerse al estómago no rumiante, mientras que el que menos se desarrolla es la cuarta cavidad (abomaso) que guarda bastante similitud con el estómago de los no rumiantes. Cada cavidad es autónoma en su funcionamiento (tal vez por esto es que la ciencia quiso presentarlos como cuatro estómagos y no como uno solo partido en 4). Sin embargo, en cuanto al tamaño, el rumen es el que mayor desarrollo tiene, y luego le sigue el abomaso, mientras que retículo y omaso se quedan un poco relegados.

La subdivisión del estómago del rumiante

Uno de los fenómenos más fascinantes para la ciencia de la nutrición animal aplicada a rumiantes, está en que el rumiante, curiosamente, no nace siendo rumiante. En el vientre de su madre, la cría del rumiante se nutre como cualquier mamífero a través del cordón umbilical, de manera que el estómago en su estado embrionario o fetal no presenta ninguna subdivisión por cavidades, y cuando este animalito nace y se corta la nutrición por el cordón umbilical, en cuestión de minutos (aprox. 30), instintivamente buscará la glándula mamaria para comenzar a alimentarse del calostro que su madre le provee, y dado que al nacer el estómago no está subdividido, la leche llegará directamente allí, y esta solo podrá ser asimilada como alimento por un estómago glandular que produzca enzimas digestivas (como el de cualquier mamífero no rumiante), y este es justamente el abomaso.

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Durante los primeros 3 a 6 meses de vida (en algunos casos hasta 7 u 8 meses), el estómago de las crías de los rumiantes se irá desarrollando paulatinamente, y esto estará estimulado por el consumo de alimentos sólidos (primeros pastoreos).

En el segundo capítulo de este tema, que estaremos publicando la próxima semana, detallaré un poco más este proceso, e ilustraré con fotografías el mismo, y trabajaremos en la importancia que tiene para todo ganadero entender este fenómeno y este proceso fisiológico único de los rumiantes, para que podamos brindarles así mismo el manejo correcto, para poder convertirlos en rumiantes más eficientes desde temprana edad, y tras ello consigamos resultados más positivos a todo nivel.

Lo que sí es importante dejar claro aquí mismo, es enfatizar en que el rumiante no nace siendo rumiante, y se va convirtiendo en rumiante en la medida que va creciendo y se va desarrollando. Que el rumen llegará a ser la porción más grande de las cuatro en que se dividirá el estómago, y por tanto el que mayor volumen de alimento podrá alojar (entre 100 y 200 lts de comida en razas de gran tamaño, o entre 60 y 100 lts en razas mediana, o alrededor de 10 a 20 lts en pequeños rumiantes como ovinos y caprinos siendo más chico el rumen de ovejas y mayor en cabras), y el que mayor volumen de alimento deberá procesar, además de ser la cámara de fermentación por excelencia de los alimentos forrajeros, fibrosos y no fibrosos. El principal trabajo del rumen en la digestión de los alimentos será por un lado mecánico (involucrado en el proceso de regurgitar, remasticar, volver a deglutir, y macerar y mezclar muy bien los alimentos, para que puedan ser más fácilmente fermentados), y por el otro lado, biológico en el sentido de la fermentación, principalmente bacteriana, pero también por acción de protozoos y hongos descomponedores.

Todo alimento que llegue al rumen para ser procesado y fermentado, realmente antes que nutrir a los rumiantes como tal, van es a nutrir la fauna microbiológica que coloniza el rumen (esto solamente cuando ya el rumen se ha desarrollado). Esta misma fauna producirá la denominada proteína microbiana (a partir de las fracciones nitrogenadas que llegan en los alimentos), y los ácidos grasos volátiles (a partir de las fuentes energéticas, principalmente grasa, pero también carbohidratos –azúcares y almidones–), junto con otros productos de la fermentación, y estos son los que pasarán al torrente sanguíneo a través de las paredes del rumen principalmente para ser metabolizados y repartidos por todo el organismo para que el animal los aproveche para su nutrición y para su desempeño productivo. Nutrimos microorganismos del rumen, para que ellos nutran al ganado (una perfecta y fascinante simbiosis).

El retículo y el omaso son cavidades accesorias del rumen, tienen su propio desarrollo, y aunque también tienen parte en el proceso mecánico y fermentativo de la digestión de los alimentos, su acción se limita a trabajar sobre las fracciones de alimento que escapan al proceso ruminal, y también contribuyen con la absorción de nutrientes generados por la fauna microbiana que hay en estos y a través de sus paredes, y lo que se escapa de ser procesado en estas dos cavidades llegará al abomaso, donde ya no habrá más trabajo mecánico, tampoco fermentativo, pero si enzimático. En el abomaso no hay como tal absorción de nutrientes, pero el producto de la digestión enzimática que aquí ocurre pasará al intestino delgado donde sí se dará la absorción de los mismos.

A pesar de este maravilloso y exclusivo trabajo digestivo que tiene los rumiantes en las cuatro cavidades del estómago, y aún en el intestino delgado, curiosamente la digestión no es 100% eficiente, es decir, que no todo lo que el ganado come lo logra digerir, y especialmente porque la principal fuente de alimentación (vegetales) presenta fracciones en su composición que son totalmente indigestibles (por ejemplo, la lignina), lo que impide un trabajo más eficaz. Cuando el ganado de pastoreo o ramoneo ingiere los vegetales (pastos y forrajes) en su punto óptimo de cosecha, la digestibilidad será mayor ya que todavía está poco lignificado, sin embargo, en la medida que el alimento esté más pasado de madurez (viejo o jecho) será menos digerible. Un alimento bien digerido se aprovechará más o menos en un 70%, y el 30% restante será desechado (heces). Pero un alimento muy maduro (lignificado) si acaso alcanzará alrededor de un 50% de digestión, y el 50% restante pasará a desecharse (heces). De aquí la importancia de conducir al ganado TODOS LOS DÍAS para que coseche el pasto en su punto óptimo de reposo, y no antes ni después.

De otro lado, un rumiante que ingiere pastos muy maduros (lignificados), dado que necesitará hacer un mayor esfuerzo digestivo, retiene por más tiempo el alimento en el rumen, y esto causa sensación de llenura, de modo que el rumiante come menos, y ya que lo que está tratando de digerir no lo nutre bien, y encima come menos, estos animales se tornan cada vez menos eficientes, y por tanto, mal nutridos, con regular a mal desempeño productivo (son los animales que se la pasan rumiando más que pastoreando y no se les ve su productividad). Contrariamente, si el rumiante ingiere alimentos que todavía están inmaduros, son mucho más fáciles de digerir (no necesariamente más fáciles de fermentar), y su paso por el rumen es muy rápido, tan rápido que no hay un óptimo trabajo fermentativo, y por ende tampoco se aprovechan bien los nutrientes, y son los animales que se la pasan pastoreando, rumian poco, y suelen presentar heces muy acuosas, a veces acompañadas de empacamiento o timpanismo, y/o intoxicación por haber ingerido formas inmaduras de los nutrientes, por ejemplo, nitritos y nitratos. Esto reafirma aún más la necesidad de ser muy disciplinados en conducir bien a los animales a que cosechen siempre su alimento en punto óptimo de cosecha.

Las paredes del estómago rumiante y su función

He aquí una de las cosas en que invito a centrar el mayor interés para esta publicación (no solo porque se trata como tal de una de las estructuras de mayor importante en todo el estómago ya que de ello va a depender en mayor grado la eficiencia del trabajo digestivo de los alimentos, y sobre todo de aquellos ricos en fibra, sino porque de esto depende la clave del manejo del ganado en su etapa temprana de crianza para convertirlos en potentes convertidores de vegetales fibrosos en carne, leche o crías).

En próximas publicaciones estaré citando justamente esta información, ya que haremos que se convierta en una herramienta de trabajo en las ganaderías que deseen aplicar un manejo racional de la nutrición de su ganado y conseguir maximizar su productividad, y tras ello la rentabilidad de sus negocios ganaderos, sea cual fuere el propósito de producción al que se dediquen.

Por lo pronto, no entraré en detalles (los dejaré para el capítulo dos de este mismo tema de estudio). Pero, lo que si diremos al respecto es que cada cavidad de las 4 en que se divide el estómago del rumiante, tiene paredes totalmente diferentes. Mientras mejor desarrolladas estén las paredes, mejor será su trabajo, y mayor será la absorción (aprovechamiento) de los nutrientes, mejor nutrido el ganado, y mayor será su producción.

Un rumen correctamente desarrollado debe formar paredes provistas de un tipo de vellosidad, que se presenta en forma de papilas, las cuales son alargamientos de la pared del rumen en forma de “tetillas”, y que desempeñan un trabajo mucho más eficiente en la medida que sean más largas y abundantes. Este desarrollo solo ocurre en simultánea con la formación del saco ruminal durante los primeros meses de vida de la cría del rumiante, y si no se proporciona la alimentación correcta, no se van a desarrollar bien (o incluso se podría quedar casi lisa esta pared), así que en etapas posteriores de la vida del rumiante su trabajo digestivo será mediocre, y así mismo se reportará su desempeño productivo, y a menos que se le proporcionen dietas muy ricas en nutrientes fácilmente digeribles (por ejemplo los balanceados comerciales o similares), el ganado tendrá muy baja producción, y estos son los animales que dejan muy mínimos márgenes de ganancia, o incluso, pérdidas.

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El retículo (bonete) desarrollará a su vez una pared en forma similar a la que tiene un panal de abejas, mientras el omaso (libro o librillo) desarrolla una forma de láminas dispuestas paralelamente por lo que da el aspecto de hojas de un libro y de ahí el nombre popular con el que se le conoce; y la idea de este tipo de paredes es que, las fracciones de alimento que escapen o superen la digestión ruminal, puedan quedar bien atrapados allí para su procesamiento o para reforzar su digestión, y al igual que las papilas del rumen, para que en la medida que estén más desarrolladas puedan absorber más nutrientes. Este desarrollo también ocurre en las primeras semanas de vida, y si no se logra un buen desarrollo, tampoco habrá eficiencia digestiva en este caso.

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La pared del abomaso es lisa, y antes que absorber, su función más bien está en secretar, por eso se le conoce como estómago glandular. Este lo que hace es liberar enzimas digestivas y otras sustancias que contribuyan con la digestión, pero de una manera más directa. Este es el primer estómago que se activa, al nacer el animal y tan pronto ingiere el calostro, y se va tornando más eficiente en la medida que el animal crece, sin embargo, ya en animales criados o adultos, si no hubo una correcta predigestión de los alimentos sólidos en el rumen, el retículo y el omaso, es muy poco lo que será capaz de aprovechar el abomaso, así que la eficiencia de este en realidad depende de la eficiencia de las otras tres porciones del estómago.

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Hasta aquí hemos explicado entonces un poquito de la anatomía y un poquito también de la fisiología del estómago de los rumiantes, de una manera sinceramente superficial, pero tratando de que sea entendible, y tocando los aspectos más relevantes de los cuales haremos uso en las siguientes publicaciones.

En la próxima nota vamos a hablar de la importancia económica de convertir rápidamente las crías en sus primeros meses de vida en rumiantes bien desarrollados, con sus 4 cavidades estomacales muy bien diferenciadas, con buen tamaño, pero sobre todo, con un excelente desarrollo de las paredes. Y daré referencias de las estrategias que nos conviene llevar a cabo como parte del manejo holístico de las ganaderías que apuestan a un manejo más racional, así que desde ya quedan invitados para que no se lo pierdan.

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About the Author Zoot. Esp. Michael Rua Franco

Zootecnista (Universidad de Antioquia) Especialista en Nutrición Animal (U.D.C.A.) Experto en Ganadería Racional/Ecológica

3 comentarios

    1. Gracias amigo Alberto. Nos esforzamos mucho en poder ser aplicables, porque es así como podemos esperar una retroalimentación positiva. Gracias por apreciar lo que producimos para ustedes!

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